"Frase" Isaura Miranda Otero

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ESPECIALISTA FACILITADOR DE RESILIENCIA

Isaura Miranda Otero

Facilitadora / México

ISMIOT-FACRES1820-MEX-P040

Vigencia: 2019-2020

Proyecto de Acreditación:

"El impacto de la resiliencia en los pacientes que padecen depresión"

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Mi historia con la resiliencia

Isaura Miranda Otero

Facilitadora / México

 

“ISA, MUJER DE BARRO Y ACERO”

En un pueblito ubicado en la sierra del estado de Hidalgo nació Isa, nació una niña hermosa, era la mayor de cuatro hermanos, su madre una mujer joven que estudió solo primer grado de primaria incompleto y padre analfabeta alcohólico e irresponsable. Isa por alguna razón tiene muchos recuerdos muy vívidos desde los tres o cuatro años de edad, su casita ubicada en orilla de un arroyo transparente donde se bañaba y jugaba en el agua hasta tener su piel arrugada como viejita y aun recuerda el aroma del jabón de barra para lavar la ropa con la que la bañaba su mamá; recuerda los lugares de la cocina donde su mami escondía la comida para ella y sus hermanos para que el papá cuando llegara no se la comiera; no olvida las peleas que tenían sus padres y como su mamá se interponía protegiéndola y sus hermanitos. A los cuatro años un día la mamá le dijo a Isa que ahora se irían a San Andrés, otro pueblito donde vivían los abuelos maternos,  para llegar tuvieron que caminar dos horas y cruzar un río, la mamá dio varias vueltas cruzando a los niños uno a uno y las bolsas, Isa aun tiene en la memoria el sonido del río incluso la sensación de las pisadas de su madre en las piedras del río mientras la cargaba en la espalda.

 

Isa no entendía que pasaba, creía que la mamá era “mala” porque no se había llevado al papá. En San Andrés comenzaron una vida diferente pero no menos dura, la mamá cuidaba un rancho y trabajaba muy intensamente. Isa no fue al jardín de niños porque no había, tenía que caminar mucho para ir a la escuela y era muy peligroso cuando crecía el río porque se cruzaba como en tirolesa.

 

Cuando Isa tenia aproximadamente 6 años, la mamá le explicó  que ella y sus hermanos se quedarían bajo el cuidado de los abuelos mientras ella se iría a trabajar a la Ciudad de México, la mamá explicaba con el mayor entusiasmo, aunque por dentro reprimía el dolor de dejar a sus hijos porque los amaba intensamente; isa también sentía como su corazón se aceleraba, el calor subía a su rostro blanco y rosado, intentando evitar las lágrimas, pero era una niña y pedía que el día no llegara. Cuando el día llegó el dolor aumentó y una sensación de vacío dentro de ella surgió y empezaba a faltarle el aire y lloró lo menos que pudo para no aumentar el dolor de su madre y varios días le llevó recuperarse o quizá no se recuperó mientras la madre estuvo ausente, por la noche lloraba en silencio. Cada vez que su madre iba a verla Isa era inmensamente feliz,  entendía con la razón pero su corazón quedaba roto cada vez que su madre de iba.

 

Isa frecuentemente reflexionaba sobre sus circunstancias,  la miseria en que vivía (choza de palos, techo de palma, piso de tierra, cuando llovía la despertaban las gotas de lluvia y lodo que la mojaban), la ausencia de la madre, el desinterés del padre, el trabajo tan duro que realizaba (cuidar chivos, ir por leña, regar muchas plantas, barrer patios, lavar su ropa, hacer tortillas, etc.) el mal humor del abuelo enfermo,  a veces ir descalza a la escuela; miraba a su alrededor y no le gustaba ese ambiente, veía que las muchachas terminaban la primaria, no seguían estudiando y después se casaban, a ella eso no le agradaba y pensaba en la manera de ser diferente, se inspiraba en aquellas personas que salían del pueblo y tenían una profesión. En vacaciones su mamá se la llevaba con ella y a Isa le encantaba ver la ciudad, las casas, los coches, los lugares de esparcimiento y se preguntaba ¿Qué tengo que hacer para ser parte de esto? … lo descubrió!!! 

 

Tenía que interesarse en la escuela y así lo hizo, se apasionó. Cuando  terminó la primaria su madre le propuso traerla con ella para que continuara estudiando porque en San Andrés solo había primaria, Isa aceptó pero sentía mucho miedo de no encajar con sus compañeros y no tener la capacidad, pero no dijo nada y lo asumió como un reto. Al terminar la secundaria su madre habló con ella y le propuso una carrera técnica porque una licenciatura era muy larga y costosa y no podría apoyarla, Isa se había visualizado en el Campus Zacatenco del IPN, estudiando una ingeniería, pero bueno, lo aceptó y decidió estudiar algo corto que le permitiera trabajar y ayudar a su madre. Nuevamente miraba a su alrededor y vivir en vecindad en un cuarto y baño compartido, bañándose  con jícara, cocinando en una parrilla. Bueno, pues decidió presentar el examen para enfermería en el IPN y se quedó, estaba feliz, además por su promedio obtuvo beca. Isa era muy sociable, optimista, siempre estaba de buen humor, cuando terminó enfermería se fue a Tabasco a hacer su servicio social, conoció personas maravillosas, aun siguió este año muy difícil, la beca apenas alcanzaba para renta compartida y medio comer (será por eso que siempre fue talla 5, llegando a desnutrición, jeje), pero destacó por ser muy trabajadora y rápidamente encontró empleo en un hospital y con las personas que conocía le ofrecieron otro y buuueno, Isa se sentía dueña del mundo, comenzó a ahorrar y junto con su mamá buscaron un terreno en Pachuca,  planearon construir una casa donde cada quien tuviera su habitación y cada quincena enviaba dinero y venía a ver los avances, ¡¡¡TODO ERA PERFECTO!!!.

 

Un día Isa recibe una llamada de su madre, le habían diagnosticado ¡¡¡CÁNCER!!! Cervico uterino en estadío avanzado, una vez más Isa empezó a sentir su corazón latir fuertemente, el calor en su rostro y la sensación de ahogo y un enorme vacío, sentía que sus planes, metas, todo se venía abajo, todo pasaba en su mente como una película en la que solo era una mentira. Nooooo, era verdad. Isa lloró y lloró desesperadamente y recordó la sensación de la primera vez que se separó de su madre, se secó las lagrimas, tomó las cosas que pudo y abandonó Tabasco, donde había pensado quedarse a vivir y se dispuso a afrontar la situación, tenía 22 años y ahora era la responsable de sus hermanos, de su madre y la enfermedad de su madre, fueron cuatro meses de angustia, cuando se estabilizó la mamá Isa buscó empleo en el Distrito Federal, no fue difícil encontrarlo. Nuevamente tomó las riendas de su vida, pero su mamá iba teniendo complicaciones; Isa se adaptó lo más que pudo y sin descuidar sus responsabilidades encontró el lado hermoso de la vida y ha disfrutado plenamente, tomado decisiones acertadas. Es este periodo se fue a vivir a Pachuca con su madre para seguir cuidando de ella (la mamá con mucho amor a la vida, feliz, productiva, evitaba quejarse de dolor, toda una guerrera, digna de admiración, se negó a victimizarse). Después de dieciséis años, su madre falleció, Isa se quedó tranquila y muy agradecida con Dios por haberle dado una madre como la tuvo.

Isa buscó trabajo en Pachuca, estudió la preparatoria, la licenciatura en psicología, ama su profesión y la ejerce con pasión, proyecta una imagen de profesionalismo y respeto. En su trabajo hace lo posible por trasmitir de  la manera más didáctica en cada usuario cómo obtener de cada situación adversa un aprendizaje para ser más fuerte, le fascina trabajar con grupos.

 

Se enamoró varias veces y varias veces le rompieron el corazón pero siempre creyó en el amor,  el matrimonio y la familia. Conoció a  quien es ahora su esposo, un médico que la ama y admira,  tienen dos hijas, una de 20 y otra de 15 años. Al fin terminó su casa (grande, con 4 recámaras, 5 baños, jacuzi, maneja una camioneta nueva, cuando puede viaja con su familia), no es lo material que posee que la llena de orgullo, sino el esfuerzo con el que cambió su vida.

 

Desde niña Isa recuerda que a pesar de la vida tan difícil que tuvo, fue una persona muy feliz, sin juguetes, pero tenía árboles donde columpiarse, río donde aprendió a nadar, barro, espacio enorme para las correteadas, aunque no faltaban las rodillas raspadas y unos cuantos descalabros, que cuando mira las cicatrices su rostro se ilumina recordando su hermosa vida.

 

Cuando Isa se pregunta ¿Qué le cambiaría a su vida si pudiera? Se responde -NADA- . Ama su historia y agradece a la vida por haberle dado la oportunidad en cada situación  hacer de ella una mejor persona.

 

Diplomado e Insignia

Facilitador en Resiliencia

"El compromiso, dedicación y visión de Harumi es proporcional a su capacidad de encontrar soluciones en donde sólo se ven problemas" Fernando Hernández Avilés