Ante la adversidad, abramos la oportunidad a la esperanza realista y sostenible

En muchas ocasiones salimos de casa ya con el acelere necesario para subirnos victoriosos a la dinámica que nos espera una vez pisemos la calle, y es que en un país de casi 130 millones de personas, es imposible que nos salvemos siempre, de situaciones que incomoden, invadan o afecten ligera o totalmente a los demás, razón por la cual no debemos sentirnos culpables, pero si responsables, muy responsables y conscientes de nuestro papel personal en la vida social propia y de todas y todos.

Somos tantos y tan diferentes, tan diversos y ricos en todo y en nada, pero sobre todo tan acostumbrados a hacer que la cosas pasen, “como sea”, “a costa de lo que sea”, en tan poco espacio y con recursos tan limitados, que nuestra responsabilidad y visión ética, cívica y ciudadana, debe ser algo que sin importar el otro, debe manifestarse social y responsablemente siempre, no a veces, no cuando el semáforo esta a mi favor, o el metro llega a mis pies, no cuando me conviene, sino siempre.

Y es que en nuestro México tan diverso, tan dinámico y tan mágico como urgido, es muy fácil que aparentemente nos veamos en la necesidad de perdernos en la generalidad del “todos lo hacen”, del “así somos”, del “así ha sido siempre”, del “así es”, del “no hay de otra”, “no hay tiempo”, “cómo”, “a qué hora”, “por qué yo”, “por qué no el otro” y así infinitamente.

Lo que definitivamente normaliza nuestra sentencia personal y encierro social definitivo que sepulta cualquier posibilidad consciente de responsabilizarnos y ocuparnos por hacer el bien en los actos, pensamientos y sentimientos de respeto y convivencia más básicos y elementales, tan necesarios para poder co desarrollarnos al lado del otro, con el otro y para el otro, por que aunque seamos casi 130 millones de personas, esas personas son nuestros amigos, familiares, hijos, vecinos, padres, tíos, vaya son nuestros seres queridos y los de nuestros conocidos y amigos.

Por ejemplo, a veces en mis conferencias, lanzo la pregunta a los asistentes, ¿alguna o alguno de ustedes sale de casa con la intención de invadir el carril del otro, de empujar al otro, de estorbar o inoportunar al otro?, (risas, murmuros, miradas de complicidad, silencios y después un) “pues nooo, claro que no”, a lo que complemento, permítanme plantearlo de otra forma, ¿alguna o alguno de ustedes, sale predispuesto a estar preparado para responder cómo sea, cuando otro invada su carril, se les adelante en el transporte, o intente estropear sus planes?, (de nuevo risas ahora titubeantes, miradas más que de complicidad, de preocupación, a lo que responden) “no, pero puede ser que no lo haya pensado”.

Lo que me lleva justamente a mi idea principal hoy, la tan necesaria importancia de que ante la adversidad que nos abraza diariamente y de formas cada vez más inimaginables y en cierto sentido casi irreales, abramos la oportunidad a la esperanza realista.

Esa que anda y asoma de vez en vez detrás y delante nuestro como remota posibilidad de realización, de control y de transformación, de que sin importar qué hago y en dónde vivo, cómo soy o cuáles son mis preferencias o creencias, YO existo y valgo como ser humano, como mexicano, como mujer, hombre, niña y niño, como ser capaz de hacer, pensar, creer, soñar y sobre todo vivir bien y en paz.

Y para ello es necesario abrirnos a la oportunidad de respetar, generar y procurar una tan necesaria y devaluada certeza psicológica en el otro, certeza que traducida en acciones y hechos, nos y les permita descubrirnos visibles como humanos, personalizados en el trato, visibles, con voz, espacio, oportunidades, derechos y responsabilidades, seguros de que puedo confiar en que el de enfrente respetará el amarillo y rojo del semáforo, de que mi pareja respetará los acuerdos entre nosotros, de que mi jefe se concentrará y respetará mi trabajo y no se meterá con mi persona, de que puedo ir segura y seguro por la calle, sin preocuparme de que alguien me aviente o me transgreda, de que mis vecinos se harán cargo de la parte que les corresponde, así como yo lo haré de la mía.

Certeza de que estoy siendo responsable de facilitar condiciones de convivencia, en donde sin importar el acelere, ajetreo o urgencia diaria, podamos confiar de nuevo y responsabilizarnos de nosotros mismos y nuestro papel en la construcción de una esperanza realista que se sustente en hechos, compromisos y propuestas de cambio real, sustentada en nuestras propias acciones y decisiones, de nadie más.

La esperanza vive de los hechos, así como los sueños de las palabras e ideas, la diferencia entre ambos, es que los sueños pueden convertirse en nuestra peor pesadilla.

Es por eso, que ante la adversidad... resiliencia.

Gracias,

Fernando Hernández Avilés

Presidente

resilienciamexico.org

generacambios.org

@generacambios

fb/generacambios

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